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Terra
La Coctelera

Capítulo 2 – Un gran cambio en mi vida

Por fin, parecía que nunca iba a llegar, pero al final sí: El último día de instituto había terminado. Todos los que me conocían sabían que a mí no me gustaba mucho estudiar. Ahora mis planes eran buscar un trabajo medianamente decente con el que pueda subsistir hasta conseguir algo mejor. Tampoco tenía recursos económicos para costearme unos estudios. Mis padres fallecieron cuando yo tenía tan sólo cinco años en un accidente de coche. Desde entonces vivía con una familia de adopción; Pedro y Raquel eran mis padres adoptivos. Tenían además de mí otros dos hijos, hijos biológicos Pero pese a eso, siempre habían volcado en mí mucho cariño y siempre me había sentido como un hijo biológico más. Pero hace dos años, Pedro se quedó sin trabajo y desde entonces sólo había conseguido algunos trabajillos esporádicos y principalmente subsistíamos la familia entera con el sueldo de Raquel. Era evidente que no teníamos recursos para que todos pudiéramos tener todo lo que queríamos y yo lo dije desde un principio, que todo el dinero para estudios iría para mis dos hermanos que seguro que sabrían aprovecharlo mejor que yo. Yo buscaría un trabajo para ayudar económicamente en casa y que todos pudiéramos vivir un poquito mejor.
Pero no nos desviemos más del tema. Yo estaba en mi instituto y fui al pasillo de los profesores a despedirme de ellos. Había un profesor que era especial, me llevaba con él genial y eso que su asignatura, matemáticas, era una de las que peor se me daban. El caso es que cuando fui a despedirme de él me dijo que le acompañara hasta su despacho, que tenía una sorpresa para mí. No sé qué sorpresa tendría Alfonso para mí, pero la verdad es que ya tenía algo de impaciencia por averiguarlo.
-Bueno Manuel, se terminó, y que quieres que te diga, demasiado bien. No esperaba que aprobases todo a final de curso, pero lo has conseguido, y ese por ese afán de superación que tienes, me enorgullece ser profesor tuyo.
-Gracias Alfonso, usted ha sido para mí un gran profesor que me ha ayudado en muchas ocasiones, por lo que yo le tengo que estar agradecido.
-¡Oh no Manuel! ¡Bobadas! El mérito es tuyo y de nadie más, vales mucho y es una pena que no quieras seguir estudiando.
-Estudiar no es lo mío Alfonso, ya lo sabe usted.
-Ya ya, te conozco bastante bien, llevamos seis años juntos y…quieras que no, se termina conociendo bien a los alumnos. El caso es que como te he dicho, tengo una sorpresa para ti. Se que una de las cosas que te apasionan es la moda y el otro día llegó una oferta de trabajo para trabajar en una agencia de moda, y sin pensarlo, lo guardé para ti. Toma, a ver qué te parece.
Se dirigió hacia una de las estanterías que amueblaban su despacho y cogió una pequeña revista. Era de una conocida agencia italiana: Fiuminoccio. Mucha de la ropa que decoraba mi armario, estaba hecha por diseñadores de esta firma. Sí, no vamos a negarlo, era y soy algo especial con la ropa. Aunque no tenía grandes recursos económicos, siempre guardaba la mayor parte de mi paga semanal para comprar algo de ropa. No me gusta ir vestido de cualquier manera. Bueno, el caso es que mi mejor profesor me estaba entregando la oportunidad de participar en mi sueño. Pero el caso es que Fiuminoccio no tiene oficinas en Roma, eso quizás me crispó un poco.
-Dentro de ese folleto viene explicado todo Manuel. Encontrarás también donde tienes que ir a hacer la entrevista de trabajo. Si no recuerdo mal creo que es en un par de días en ese hotel que está frente a las antiguas termas, no recuerdo bien ahora el nombre.
-De acuerdo, ya lo leo ahora detenidamente.
-Bien querido Manuel, ha llegado el momento de despedirse, ¡Y yo que pensaba que no iba a librarme de ti nunca! Dijo Alfonso mientras se reía.
-Yo pensaba lo mismo maestro. Le echaré de menos.
-Y nosotros a ti Manuel, este instituto no volverá a ser igual sin ti. Como ya te he dicho, ha sido un orgullo ser tu profesor. Te deseo lo mejor en la vida, te lo mereces. Concluyó Alfonso.
Tras esto me estrechó la mano con mucha emotividad y salí de aquella sala. El instituto había terminado, mi nueva vida no había hecho más que comenzar.
A los dos días me dirigí a aquel lujoso hotel a realizar la entrevista de trabajo. Iba vestido con ropa de aquella marca, quizás para causar mejor impresión. A grandes rasgos, me entrevistó un tipo bastante simpático, se llamaba Dupeiron. Me dio bastante esperanza de conseguir aquel trabajo, pero reiteró una y otra vez en que para conseguirlo tendría que irme a vivir a Nápoles, donde ellos tenían las oficinas centrales. Yo le dije que en caso de que me aceptaran no me importaría.
-Está bien Manuel, en unos días te llamaremos para decirte si te cogemos o no. Dijo Dupeiron.
Efectivamente, la llamada no se hizo esperar, y a los dos días ya tenía noticias de Fiuminoccio. Al otro lado del teléfono hablaba una chica, dijo que se llamaba Rossier, y me dio una buena noticia: Me habían aceptado.
Mis padres adoptivos sabían que si me aceptaban tendría que marcharme de Roma. No se lo tomaron muy bien, pero tampoco podían negarse. Así pues, llegó el momento de despedirse. Primero fui a despedirme de mis amigos, en especial de uno que ya era como de la familia: Marcé. Nos conocíamos desde pequeños y aunque no siempre nos habíamos llevado bien, últimamente éramos muy buenos amigos. Sabía que de vez en cuando nos veríamos, pero evidentemente las despedidas siempre son algo tristes. Nadie podía decirme en aquel momento que en algún tiempo Marcé me presentaría a la mujer que marcaría mi vida y que la condicionaría como nunca nadie lo había hecho.
Llegó el momento de despedirse de mis padres y hermanos. Los vería también muy a menudo, además de que ahora, mandaría algo de dinero a casa para ayudar un poco.
Las maletas estaban hechas, el tren en el andén y mi nueva vida lista para disfrutarla. Me marchaba de Roma sin saber si algún día volvería.

Capítulo 1 – Una visita inesperada

Paz. Así me siento. Tumbado sobre el césped que viste la Villa Burguesa. Me apasiona este lugar. Me llevo aquí horas y horas leyendo, escuchando música o simplemente tumbado con los ojos cerrados pensando en un mundo mejor. Parece mentira que un joven emprendedor, a sus veintitrés años no tenga mayor ocupación que esta. Mi trabajo me ocupa muy poco tiempo aunque sin embargo es un buen trabajo. Me encanta Roma, mi ciudad, la ciudad que me vio nacer. Aquí he pasado los mejores años de mi vida y, gracias a Dios, tras una breve ausencia pude volver.
De pronto, algo me sobresaltó y me arrebató la paz que me inundaba. Era mi amigo Alex. Era un chico simpático, algo introvertido pero cuando coge confianza con alguien, no se le nota. Vestía...como deciros; Tenía su propio estilo, nada definido, pero a mi forma de ver, muy bien vestido. Era muy alto, con un cabello rubio en sus raíces y unos ojos verdes como platos. Lo conocía de toda la vida. Hemos pasado cosas juntos que jamás pensaba que pasaría. Sólo con mirarlo se lo que le pasa. Era un chico muy sensible; Hasta tal punto que lo pasaba mal sólo viendo que alguien conocido estaba mal. Hace un par de años empezó a salir con otra amiga nuestra, Beatriz. Nunca me los hubiera imaginado juntos, pero ahora que los veo, hacen una pareja muy linda. Alex la quiere como nunca ha querido a nadie, ya os digo que sólo con mirarlo se lo que piensa.
-¡Manu!, ¡Tío Manu despierta!

-Ey ey Alex tranquilo. ¿Qué te ocurre?
-Manu tienes que ayudarme.
Ya lo sabía, esos ojos verdes no podían engañarme. Algo gordo le pasaba y me aventuraba a pensar que podría ser acerca de Beatriz. Tenía la voz temblorosa, él en si mismo estaba temblando. Algo muy gordo debió ocurrirle.
-¿Has hablado con Beatriz tío?
-No, ¿Ocurre algo?
-No se nada de ella desde hace dos días. Es como si se la hubiera tragado la tierra. He ido a su casa y su hermana no sabe nada de ella. Dice que se fue el otro día sin decir a donde. Llevo sin pegar ojo dos noches. Me he tomado más tilas que en toda mi vida. Estoy desesperado…
Se que Alex quizás agobiaba a Beatriz en algunas ocasiones, pero la quería muchísimo. En la cabecera de su cama tenía una foto de ella, foto a la cual besaba cada vez que se despertaba. Al despertar también volvía a darle las gracias a Dios por tenerla. Él era así, pensaba que no se merecía a Beatriz, pero aún así estaban juntos. Me preocupó que me dijera eso, Beatriz nunca se había comportado así, al contrario, siempre llamaba a Alex para hablar con él. Se tenían el uno al otro para apoyarse en los malos momentos y quizás por eso, en alguna ocasión Beatriz se ha visto agobiada, y en esta ocasión, se ha visto obligada a escapar.
-No te preocupes Alex, seguro que no le pasa nada. Necesitaría unas vacaciones.
-No se tío, lleva un tiempo siendo rara, se que le pasa algo conmigo y no quiere decírmelo.
-¿Cuándo hablaste por última vez con ella?
-El miércoles.
-¿Qué te dijo?
-Nada en especial. Cuando me iba a marchar de su casa me llevó al patio de su casa para que no nos viera su hermana, me cogió por la cintura y me dijo que me quería y que nunca me olvidaría.
-¿Y después?
-Su hermana la vio marcharse. Llevaba una maleta y en la mano un billete para Termini, no sabe a donde.
Esa última conversación que tuvo con Beatriz me resultó familiar. Me recordó a mi mismo hace tres años. No la había vuelto a recordar, pero las palabras de Alex me trajeron de nuevo a la memoria a Natalia, me percaté de que nuestra relación se pareció bastante a lo que ahora sufre Alex. Por eso, me vi obligado a ayudar a mi amigo.
-Alex ven, voy a contarte una historia…

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